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martes, 10 de marzo de 2015

Positivo a positivo: positivo; matemáticas de un trasplante.

Miedo. Uno de los elementos emocionales más poderosos de la psique humana, y de los que más nos lleva a tomar decisiones. Todos lo hemos experimentado, nos hemos paralizado o nos hemos movido por él. Y como ya aprendimos de Yoda, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, y el odio lleva al lado oscuro.

La descripción del SIDA en 1982 llenó el mundo con una oleada de miedo y los temores de todos se enfocaron sobre aquellos con mayor riesgo, que resultaron ser también los más vulnerables: los hombres que tienen sexo con hombres, los haitianos, los drogadictos por vía intravenosa, los hemofílicos, y al día de hoy las mujeres. Se enfrentaban a una enfermedad desconocida, invariablemente mortal, con unas implicaciones similares a la lepra en la biblia, o a la peste negra en le edad media: enfermedades que son maldiciones del pecado.

Pero se fue haciendo la luz y el conocimiento permitió ir poniendo hitos para sobreponernos a esta nueva enfermedad: conocer el virus, identificar medicamentos que no tenían uso pero que podían funcionar en este caso, ir comprendiendo mediante el "ensayo y error" la dinámica terapéutica hasta lograr lo que no parecía posible: que la enfermedad no fuera una condena a muerte, y que con ciertos sacrificios, la vida se pudiera vivir muy cercano a lo normal; resumiendo que la infección por VIH no fuera una "enfermedad aguda" sino que enfrente las vicisitudes de las enfermedades crónicas (buena revisión de Lancet hace un año largo), y con preocupaciones similares con respecto a la calidad de vida (por cierto, me encanta la primera frase de esa columna: "It is truly remarkable that patients whose HIV is controlled on antiviral therapy will have a life-expectation similar to that of the general population").