Históricamente, la bacteriemia (la presencia de bacterias viables en el torrente sanguíneo) se
asocia a desenlaces adversos y mortalidad. Es de suponer que en el hospedero inmunocomprometido, bacteriemia y sepsis tienen un impacto desproporcionado en mortalidad,
comparado con el huésped immunocompetente, como por ejemplo, paciente
receptores de trasplante de órganos solido o médula ósea.
Andre Kalil y colaboradores, publicaron en Clinical Infectious
Diseases 2015;60(2):216 un estudio que parece contradecir lo anterior.
El estudio, de casos y controles, ajustado con índices de propensión al
riesgo, comparando pacientes bacteriémicos receptores de órgano Solido (SOT:
Solid Organ Transplant en inglés), con un grupo de pacientes
immunocompetentes de iguales
características. 123 pacientes SOT fueron comparados con 246 controles: 36%
fueron trasplante renal, 34% hepático, 13% renal y hepático, 7.3% intestino
delgado y 5.7% cardiaco-pulmonar. Por
regresión logística condicional, se detectó que los factores asociados a
mortalidad en el grupo de bacteriemia en SOT fueron el número de
comorbilidades (OR: 8,2), alto puntaje
en el SOFA (OR:1.2) y presencia de infección nosocomial (OR: 36.3). Como
era de esperarse, el uso apropiado de antibióticos fue un factor protector para
mortalidad (OR: 0.04). Después de ajustar
por otras variables clínicas importantes, (presentación clínica, severidad de la
infección, tipo de infección) los pacientes con SOT tuvieron mucha menor tasa
de mortalidad a 28 y 90 días que el grupo
de immunocompetentes (HR:0.22 y 0.43, p=.001 y .025, respectivamente.)