Una de las patologías infecciosas
más frecuentes en el servicio de urgencias es la infección de piel y tejidos
blandos. En presencia de abscesos el manejo es quirúrgico con drenaje y
desbridamiento más tratamiento antibiótico cuando hay celulitis extensa,
inmunosupresión, drenaje incompleto o mala respuesta al mismo. La pregunta es
si para este tipo de infecciones, ¿dos
es mejor que un antibiótico? La pregunta nace de los resultados de la
observación del Dr. Harry Eagle en 1954 donde describió una menor
actividad bactericida de la penicilina sobre infecciones por estreptococos en
presencia de un alto inóculo debido a
que las bacterias en esta condición entran en una fase de crecimiento
estacionario. Al combinar la penicilina con antibióticos que inhiben la
síntesis proteica se observó en modelos animales de piomiositis por
estreptococos disminución en la
producción de toxinas, mejor penetración
al absceso y mayor replicación de las bacterias con mejoría en la acción de la
penicilina y glicopéptidos. Hasta el momento, no se habían descrito estudios en
humanos dirigidos a evaluar si este fenómeno tiene repercusión clínica, sin
embargo el uso de terapia combinada para tratamiento de infecciones de piel y
tejidos blandos es ampliamente utilizado.
Apuntes, preguntas, y comentarios, todo desde la óptica de un infectólogo.
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lunes, 28 de septiembre de 2015
jueves, 27 de agosto de 2015
En co-infección VIH-Hepatitis C, por fin se ve la luz al final del túnel.
La co-infección VIH-Hepatitis C, es una situación
relativamente frecuente (2 a 20% dependiendo del país) y constituye un gran reto
para el médico tratante tanto por la complejidad de su evolución como por las
dificultades en su tratamiento. En este
grupo de pacientes la progresión a enfermedad crónica, cirrosis, falla
hepática y hepatocarcinoma se presenta
de una manera más rápida, independientemente del control que se tenga desde el
punto de vista inmunológico y virológico del VIH.(1)

La prevalencia de la co-infección en nuestro país es desconocida. Un estudio realizado en un centro de referencia de patologías hepáticas en Medellín documentó una prevalencia del 7.39%. El genotipo identificado con mayor frecuencia en el país es el 1, el cual tiene una menor respuesta a los tratamientos con interferón (2).
El tratamiento para
la hepatitis C ha evolucionado en los últimos años con la introducción de los inhibidores de proteasa,
los cuales han aumentado las tasas de éxito terapéutico y reducido el tiempo de
los tratamientos. Desafortunadamente estos tratamientos requieren de la
administración conjunta de interferón y ribavirina, los cuales presentan
efectos adversos importantes como hipotiroidismo, anemia hemolítica,
citopenias, mialgias entre otros. El uso de terapia con inhibidores de proteasa
(boceprevir y telaprevir) en pacientes con infección por VIH no fue aprobado
por la FDA por pocos datos sobre la seguridad y eficacia en esta población (1,2).
martes, 7 de abril de 2015
Gracias: The Netherlands por el CAP-START
Muchos de ustedes han estado al frente de la siguiente
situación. Su paciente lleva 3 días hospitalizado por Neumonía Adquirida en la
Comunidad (NAC), ha recibido β-lactámico (llámese Ampicilina-sulbactam o
ceftriaxona u otro) + macrólido (generalmente azitromicina o claritromicina) y
a pesar de lo “intenso” que ha sido su búsqueda por el agente etiológico, (digo
intenso si ha solicitado: cultivo de esputo inducido, hemocultivos y Antígeno
Urinario para neumococo y Legionella)
al final, Ud. no ha obtenido el microorganismo causante de NAC.
Sin embargo, todo está listo para enviar su paciente a casa,
pero se pregunta lo siguiente: ¿debo continuar un régimen de β-lactámico + macrólido?
¿O puedo simplificar el tratamiento con una fluoroquinolona (FQ) respiratoria (levofloxacina
o moxifloxacina)? Pero, ¿alguna vez ha considerado en dar salida al paciente
solo con el β-lactámico? ¿Ha caído en “pánico” cuando se plantea NO usar
cubrimiento para los llamados microorganismos atípicos (hoy llamados gérmenes
intracelulares? (Mycoplasma pneumoniæ,
Chlamydophila pneumoniæ, Legionella = organismos que sabemos que
existen pero no podemos ver).
martes, 3 de marzo de 2015
Criptococcosis meníngea: Anfotericina B, Fluconazol y no olvide: Sertralina.
La
Criptococcosis meníngea (CM) , especialmente en la población VIH, aún conduce a
alta morbilidad y mortalidad. A pesar de un enorme progreso en métodos
diagnósticos mas rápidos (Antígeno para Criptococo en Sangre y liquido-cefalorraquídeo:
LCR) y disponibilidad de antifúngicos efectivos, la mortalidad a 3 meses en
meningitis aguda por Criptococcus en el huésped VIH, se acerca a 20%, y sin
tratamiento, la CM es virtualmente fatal (100%). Aunque el acceso temprano a terapia
antiretroviral altamente efectiva (HAART por sus siglas en ingles) ha
disminuido la incidencia de CM, esta complicación infecciosa persiste con una alta
tasa de mortalidad y complicaciones en áreas geográficas con limitado acceso al
cuidado del huésped VIH[1].
El tratamiento de la meningitis por Criptococcus descansa sobre 4-pilares fundamentales: 1) Rápida instauración de terapia antifúngica. 2) Manejo oportuno de la hipertensión endocraneana (la causa mas frecuente de muerte en esta población) 3) Manejo de otras complicaciones neurológicas (e.g. hidrocefalia) y 4) comienzo oportuno de terapia HAART asociado a monitoreo cercano de signos de Síndrome Inflamatorio de Reconstitución Inmunológica (SIRI).
Las combinaciones de antifúngicos empleados para el manejo de CM distan mucho de ser perfectas. Anfotericina B (en su forma Deoxicolato o liposomal) en combinación con 5-Fluocitosina es el régimen mas usado en países desarrollados (países con baja incidencia y experiencia limitada en el manejo de CM) en contraste, la combinación Anfotericina B y dosis altas de Fluconazol IV es la combinación mas extensamente usada en África sub-sahariana y en áreas de alta prevalencia de VIH.
Aun con
monitoreo clínico y paraclínico estricto, el uso de anfotericina B esta
asociado a falla renal aguda, desordenes electrolíticos y reacciones asociadas
con su infusión intravenosa. Además, la pobre penetración de
Anfotericina B a SNC ha cuestionado su efectividad clínica en la fase de
inducción de tratamiento; Fluconazol que goza de gran penetración a SNC, es un
agente fungistático, limitando así su uso como monoterapia.
martes, 3 de febrero de 2015
Cuando dos parecen ser mejor que uno: Terapia combinada para tratamiento de Enterobacterias Resistentes a Carbapenémicos (ERC)
La interconsulta: Hombre de 46 años. Séptimo día de hospitalización después de trasplante renal cadavérico. Ahora en UCI, con sepsis severa y hemocultivos positivos para Klebsiella
pneumoniae resistente a carbapenémicos.
La pregunta: ¿Existe algún beneficio en usar terapia antibiótica combinada para el tratamiento de Enterobacterias Resistentes a Carbapenémicos (ERC)?
De entrada existe escepticismo. En pocos escenarios clínicos la terapia antibiótica combinada es claramente
superior a monoterapia —se me viene a la cabeza unos ejemplos: el tratamiento anti-tuberculosis o de endocarditis causada por Enterococcus spp. Pero justificar su uso en el tratamiento de ERC: es una ardua tarea.
Comienzo por decir que desde su
aparición en 2001 [1], ERC se han diseminado exitosamente alrededor del mundo, llegando a ser altamente
prevalente en ciertas áreas geográficas [2, 3]. Colombia no ha sido la
excepción, ver aquí, aquí y aquí. La mortalidad en infecciones severas por ERC se acerca a 50% [4, 5].
ERC incluye
principalmente Klebsiella pneumoniae,
E.coli y Enterobacter spp. Hay 2 vías principales para graduarse de ERC: 1) Expresar una
carbapenemasa (enzima que hidroliza carbapenémicos (reconocerás nombres famosos como: KPC, VIM, IMP, NDM-1,
OXA-48) y/ó 2) Expresar en alta cantidad, β-lactamasas de espectro extendido (BLEE) o tipo AMPc + albergar una mutación de porina que disminuya la penetración de los carbapenémicos al espacio peri-plasmático.
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